Un eterno inconforme.

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Un periodista es un descubridor. Vive y afianza las realidades de la gente y echa rodilla en tierra en busca de lo valedero, cuando se lleva en las venas.

 Esta profesión enamora, está bajo el fuego del contrapunteo, es el encuentro con lo inesperado, lo insólito ligado también al  golpe de suerte, favorecedor de trabajos indelebles, que sellan la identidad  de un profesional de la palabra.

¿Cómo no amar esta carrera? El periodismo  enseña a vivir,  a amar y servir. Es un aprendizaje constante, con una dosis de atrevimiento, duelo y tesis futurista sobre la base del presente y lo que fue.

Este ejercicio te redescubre profundos conceptos de la vida planteados por quien menos se sospecha. Te convierte en comprensiva madre,  amorosa hija, una mejor persona. Sigue leyendo

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