PADRE POR WIFI

13445451_575294695983557_2100553332340183665_n Rogelio despertó mucho antes de despuntar el alba. Aún así estrujó un poco más las sábanas; todavía podía “matar un burro a pellizcos” antes de que llegara la hora de tomar las tabletas de gliblenclamida y enalapril.

Otra vez la almohada resume sus sueños. Encontró deleite en suponer cuántos hijos estarán hoy despertando a sus viejos con un beso del tamaño del cielo. Y, mejor (o peor), le darán su regalito a su papá.

Seguro harán la mejor comidita del mes, aunque hayan tenido que apretarse para disfrutar de ese tesoro inigualable: una familia muy amada y unida alrededor de una mesa, donde las sonrisas fluyen como ríos, y se les quita el polvo a las fotos viejas y comienza a tenérsele cariño a la “pela” que le dieron cuando se fugó para el río.
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