El cáncer de mama puede vencerse

cáncer de mamaSonó el teléfono. Mi corazón se estrujó con el primer “rin”. Sólo segundos bastaron para identificar la voz de mi hermana. El ligero temblor en su timbre vocal adelantaba la mala noticia. La biopsia del nódulo extirpado de mi mama izquierda era positivo. Se trataba de un carcinoma ducto lubullar invasivo o infiltrante. “La bióloga -balbuceó- explica que su diámetro era de uno como siete cm, además, es tal y como lo  identifican los libros de medicina”.

Mi corazón vapuleaba. La inanición se apoderó de mis piernas y un súbito nudo  congeló mi garganta. Un halo de silencio reinó en nuestro diálogo; solo roto por mí con una frase trillada, espetada solo como para salir del paso:“No te preocupes, todo va a salir bien”.

Me hubiese gustado improvisar mis “lindos discursitos anímicos” como dice mi hija, pero apenas pude pronunciar aquella pedestre frase

Poco a poco asimilé la pusilánime verdad. Confieso, aceptarla, me costó llanto;  ante el agorero destino, lloré hasta casi derretir la almohada. Cada lágrima sería perentoria en la formación de un alma limpia y fuerte, imprescindible para hacer frente al cáncer

Después de aquella novedad, me acogieron los brazos del quirófano por segunda vez. La cadena ganglionar debía ser extirpada y el seno (parte queridísima de mi cuerpo) volvió a ser abierto. Dios en su plenitud y deidad permitió que todo lo muestreado estuviera sano. Entonces recordé ese versículo de Filipenses: “Regocijaos en el Señor siempre”, esa palabra me confortó y animó a seguir, cuando sufrí un padeciendo para el  cual la ciencia no tiene cura, sin embargo para Dios “no hay imposible”.

Ignotos avateres se apresuraron a saludarme. La inteligencia prístina me ayudó a sobreponerme a las camas de hospital, la salita de curas, los lacerantes drenajes, la pérdida de sangre….la futura y lúgubre quimioterapia.

Pasaban los días y todavía me costaba aquella creer inusitada realidad. Me habían extirpado un  cáncer.  Fue duro. Más de seis meses han pasado desde entonces. Compungida pienso también en mis temores, olores, cambios corporales; en este andar de remisión donde a veces hasta el silencio, dejé de percibir. Tengo muchas historias. Poco a poco las contaré.